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Renovables

Renovables

(Fuente: Asociación de Productores de Energías Renovables - APPA)

El año 2020 estaba marcado en rojo en la agenda del sector renovable. La Directiva Europea 2009/28/CE establecía para nuestro país un objetivo similar al de la Unión Europea, el famoso 20-20-20. En lo relativo a energías renovables, el atípico 2020 se cerró con un 20,9% de energías renovables, por lo que las metas marcadas para el sector se cumplieron.

Tras un año récord en lo referente a la instalación de potencia renovable (7.177 MW instalados en 2019), en 2020 se rompieron todos los récords de generación limpia en nuestro país, con un 44% de electricidad renovable y la tecnología eólica situada como segunda fuente de generación solo superada – levemente – por la nuclear. Este impulso de la electricidad renovable, con un incremento del 12,92% (110.566 GWh en 2020 por 97.913 GWh el año precedente), ha permitido, en un año de crisis y de fuerte reducción del consumo de productos petrolíferos, alcanzar los objetivos marcados.

Las políticas de “arranque y parada”, que llevaron al sector renovable a experimentar una moratoria que condujo a su práctica parálisis a partir de 2013 y su posterior reactivación con las subastas de 2016 y 2017, hicieron que los objetivos europeos se alcanzasen tras años convulsos para el sector, donde se dio el fuerte contraste de que entre los años 2014 y 2017 se instalasen en total 600 MW y que, solo en el año 2019, se instalasen más de 7 GW. Un desarrollo atípico, desigual y lesivo para empresas y profesionales. Desde el sector renovable se espera que esto no se repita gracias al calendario anunciado por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico que dará visibilidad y predictibilidad a las inversiones renovables.

La competitividad alcanzada por las tecnologías renovables viene a sumarse al calendario y a la Ley de Cambio Climático y Transición Energética para garantizar que el desarrollo renovable impulsado de nuevo no volverá a detenerse. Durante el año 2020 se instalaron 4.626 nuevos megavatios renovables que no han precisado de mecanismos de apoyo y que se dividieron entre proyectos que acudieron directamente a mercado e instalaciones de autoconsumo.

El fuerte desarrollo que el autoconsumo está teniendo en nuestro país es fruto de la competitividad de la tecnología y de una regulación que no obstaculiza su implantación. De los 21 MW instalados en 2015, el sector del autoconsumo se ha desarrollado con fuerza hasta sumar 623 nuevos MW en 2020. Dadas las previsiones de evolución de coste tecnológico y la previsión de los mercados de futuros, el autoconsumo tiene por delante un importante recorrido que facilitará la generación distribuida y permitirá optimizar el uso de nuestra red eléctrica.

De cara al cumplimiento de los objetivos marcados para 2030, hay distintos desafíos que el sector renovable deberá encarar. El reto de situar al consumidor en el centro está llevándose a cabo en la parte eléctrica gracias al autoconsumo y a la nueva tarifa eléctrica ya anunciada, que con distintos tramos horarios y diversos términos de potencia favorecerá a los consumidores más eficientes. Sin embargo, es importante destacar el gran reto que los usos térmicos y el transporte suponen para los objetivos renovables.

En la actualidad, la electricidad solo supone el 24,1% de la energía final (2020). Esto implica que, aunque se alcanzase el objetivo marcado de obtener un 74% de la electricidad de fuentes renovables, esto tendría un alcance limitado dentro de los objetivos globales. En lo referente a usos energéticos directos, los productos petrolíferos continúan suponiendo un 43,1% y el gas natural un 17,2%, aunque la tendencia de uso de estos productos es a la baja – acentuada por las restricciones a la movilidad de 2020 – es indudable que siguen suponiendo más del 60% de nuestra energía, más del 68% si contabilizamos la parte eléctrica “fósil” y añadimos el carbón a la ecuación.

Para conseguir una efectiva reducción de nuestra dependencia energética y cumplir los objetivos renovables marcados será necesario contar con planes específicos para los sectores térmicos y del transporte, similares a las subastas actuales o a los modelos de incentivos del pasado. Sin la contribución de las renovables en estos sectores difusos, la Transición Energética será parcial y no alcanzará todo el potencial de reactivación económica necesario.

Nuestro país cuenta con unos recursos renovables envidiables. Altas horas de insolación anuales, recurso eólico fruto de la situación privilegiada entre el Atlántico y el Mediterráneo, uno de los mayores recursos biomásicos (forestal, agrícola, ganadero…) de Europa… Todas estas energías están a nuestra disposición y será nuestra responsabilidad y obligación aprovecharlas para industrializar el país y generar empleos de calidad vinculados al desarrollo sostenible.
 
Fuerte incremento de la generación renovable, especialmente hidráulica y fotovoltaica
El récord de instalación fotovoltaica de 2019, con 4.181 MW solares nuevos, explica la fuerte variación que esta tecnología ha tenido en la generación. La producción fotovoltaica de 2020 se incrementó en un 65,3% respecto a los datos del año precedente. Una generación récord de 15.289 GWh que volverá a incrementarse en años venideros, dado que en 2020 se instalaron 2.812 MW conectados a red y, adicionalmente, 623 MW de autoconsumo. 2020 fue también un buen año para la generación hidráulica que, tras el descenso del 27,6% en la generación experimentado el pasado año, ha vuelto a repuntar con un crecimiento del 23,8% interanual. Esta mayor generación fue fruto de la mejora en la hidraulicidad, dado que desde hace bastantes años no existen nuevos desarrollos hidráulicos reseñables en nuestro país.
Sin en crecimiento tan fuerte, pero consolidándose como la tecnología renovable más confiable, hay que resaltar el papel de la generación eólica. Con una producción de 54.899 GWh, la eólica generó el 21,8% de la electricidad española en 2020. Esta cifra, ligeramente inferior a la producida por la nuclear (22,2%), confirma el papel clave que la eólica tiene en nuestro mix de generación.

El resto de renovables tuvo un comportamiento dispar, mientras la energía solar termoeléctrica redujo su aportación, en términos absolutos y porcentuales al mix de generación, la biomasa tuvo un incremento del 23,8% de su producción gracias a los 201 nuevos megavatios que se conectaron a lo largo de 2019 y que, consecuentemente, estuvieron produciendo durante todo el año 2020.

En lo que a potencia instalada respecta, fue un buen año para eólica y fotovoltaica, dado que, sin el efecto de las subastas y únicamente gracias a la competitividad alcanzada por las tecnologías, se instalaron más de 1.500 MW eólicos y más de 2.800 MW fotovoltaicos.

Desde el sector renovable esperamos que los más de 5.000 MW anuales de nueva potencia renovable que será necesario instalar de forma sostenida durante la próxima década, se lleven a cabo de forma orgánica y distribuida en el tiempo y no se repitan las políticas de “arranque y parada” que tan perniciosas fueron para nuestras compañías y el empleo generado por el sector.
 
Fuertes caídas en los mercados eléctricos debido al COVID
Si las restricciones de movilidad hicieron muy evidente la caída del consumo de productos petrolíferos y el desplome del crudo, es importante resaltar que la situación no fue sencilla tampoco para los mercados eléctricos. Con una fuerte caída del consumo eléctrico industrial en los primeros meses de pandemia, en modo alguno compensada con un mayor consumo residencial, los precios de los mercados eléctricos cayeron con fuerza.

El impacto de la pandemia en el mercado eléctrico hizo que, durante el año 2020, este se moviera, durante la mayor parte del año, en la franja situada entre los 30 y los 40 €/MWh. La excepción fueron los meses más duros del confinamiento en el que el precio se situó en 17,65 €/MWh (abril) y 21,25 €/MWh (mayo).

Durante los últimos años, el efecto depresor de las renovables ha ocasionado un precio de casación menor al que se habría producido en el caso de no contar con estas tecnologías. Este efecto depresor ha contrarrestado los incentivos económicos, haciendo que muchos años, de forma neta, las renovables redujesen el precio de la electricidad. En 2019, el abaratamiento en el coste de adquisición de la energía en el mercado diario de OMIE fue de 4.365 millones de euros (17,50 €/MWh), inferior, en este caso, a la retribución específica a estas energías que ascendió a 5.732 millones de euros. Al contemplar otros ahorros como las importaciones de combustible fósil (2.359 millones de euros en 2019) o los gases de efecto invernadero evitados (842 millones) vemos que el efecto global de estas energías es muy beneficioso para nuestra economía, más aún en un contexto de volatilidad en los mercados de CO2.
 
El ahorro de las energías renovables en los mercados se acentuará en los próximos años debido a la competitividad alcanzada por estas energías, que entran ya en el mix eléctrico sin incentivos y, en el futuro (tal y como ha demostrado la primera subasta de 2021), a precios más reducidos que el propio mercado. Esto hará que el efecto depresor ni siquiera tenga la contrapartida de una retribución específica en muchas de las tecnologías, reduciendo de forma directa el precio del mercado.
Estos efectos junto con el apuntamiento o los vertidos que, previsiblemente, se producirán en un mercado en el que un 74% de la electricidad sea de origen renovable hacen necesario el establecimiento de mecanismos para asegurar la rentabilidad de las inversiones renovables contempladas en el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC).

Adicionalmente, será fundamental atajar el desequilibrio existente entre las necesidades de potencia contempladas en el PNIEC y los permisos de acceso a la red concedidos en la actualidad. Para unas necesidades de potencia de 54.703 MW hasta 2030 hay concedidos permisos para más de 130.000 MW. Este desequilibrio es más acuciante en la tecnología fotovoltaica, donde están contemplados 26.134 MW en la próxima década y hay más de 96 GW de permisos concedidos.

Un año convulso, también en la regulación
La crisis sanitaria del COVID pronto desembocó, debido al confinamiento inicial y las distintas restricciones de movilidad, en una crisis económica. Gran parte de la regulación aprobada durante 2020 ha ido orientada a paliar los efectos de la crisis y los sectores energético y eléctrico no han sido la excepción. Desde la aprobación del Real Decreto 463/2020, del 14 de marzo, en el que se aprobaba el Estado de Alarma, han sido diversas las normas que han afectado a nuestro sector. El Real Decreto-ley 8/2020, por ejemplo, recogía en su artículo 4 la garantía de suministro, que establece que no se podrá suspender el suministro a los consumidores vulnerables, vulnerables severos o en riesgo de exclusión social; el Real Decreto-ley 10/2020, y muchos otros también introducían medidas excepcionales que afectaron al sector.

Más allá de estas normas, cabe destacar por su importancia el Real Decreto 1183/2020, que regula el acceso y conexión de las instalaciones a las redes de transporte y distribución de energía eléctrica, pero que también regula determinados aspectos de las plantas fotovoltaicas, el almacenamiento o la simplificación de trámites en apoyo a la hibridación; el Real Decreto-ley 23/2020, que aprueba medidas en materia de energía para la reactivación económica; o el Real Decreto 647/2020, que regula la implementación de los códigos de red de conexión de determinadas instalaciones eléctricas.
 
Como vemos, el año a efectos regulatorios ha sido muy activo, siendo la nota positiva la falta de confrontación entre los grupos políticos, algo que, al menos en el sector energético, permite vislumbrar un entendimiento en las líneas generales de actuación que es de agradecer.

El año regulatorio finalizó en diciembre con la publicación, en la página web del MITECO del “Anteproyecto de Ley por la que se crea el Fondo Nacional para la Sostenibilidad del Sistema Eléctrico”, esta ley articula un nuevo sistema de reparto de los costes regulados asociados a la financiación de los costes fijos del régimen retributivo específico de las instalaciones de renovables, cogeneración y residuos (RECORE). Desde el sector se espera que este sea el primer paso hacia una verdadera fiscalidad ambiental que se base en el principio “quien contamina, paga” y sea coherente con los objetivos de renovables y reducción de emisiones que tenemos marcados como país.

La apuesta renovable internacional se acelera
Si bien es cierto que el año 2020 no puede ser representativo dada la crisis mundial que ha provocado el COVID, los datos constatan que el desarrollo renovable continúa su aceleración a nivel mundial. Según los datos de la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA), el crecimiento anual se ha incrementado en 2020 en un 50% respecto al experimentado en 2019. Se instalaron un total de 260 GW a nivel mundial, llevándose las tecnologías solar y eólica más del 91% de la nueva capacidad. Las renovables representaron más del 80% de la nueva potencia instalada en todo el mundo.

China y Estados Unidos fueron, al igual que en el resto de la economía, los grandes actores del desarrollo renovable. China, que es ya con diferencia el mayor mercado mundial de renovables, instaló 136 GW, de los cuales 72 GW fueron eólicos y 49 GW fotovoltaicos. Estados Unidos incrementó en un 80% sus instalaciones renovables, con 29 nuevos gigavatios de potencia, 15 GW fotovoltaicos y 14 GW eólicos.  
Este rápido desarrollo tiene el mismo origen en el resto del mundo que el ya mencionado para España: la competitividad alcanzada por las tecnologías. Según el estudio del coste de la energía (LCOE) de Lazard, en el período 2009-2020 la tecnología eólica ha reducido sus costes en un 71% y la fotovoltaica en un 90%. La reducción de costes ha sido de tal calibre que la comparativa que realiza este estudio, convertido en un referente del sector, ya no se refiere a nuevas instalaciones renovables contra nuevas instalaciones tradicionales. El estudio compara el coste de nuevas instalaciones renovables contra el coste marginal de seguir generando con tecnologías convencionales (carbón, nuclear y ciclo combinado de gas): las nuevas instalaciones renovables ya compensan el desmantelamiento de las antiguas centrales.
Renovables e industrialización

Según BloombergNEF, las inversiones en renovables volvieron a romper un récord en 2020. Si antes hablábamos de potencia, ahora hablamos de millones de dólares: más de 303.500 millones de dólares fue lo que invirtieron gobiernos, empresas y particulares en energía renovable durante 2020. Un incremento del 2% en plena crisis donde tecnologías como la eólica marina están consiguiendo una representación específica. Si se suman otros sectores fuertemente vinculados a las renovables y la descarbonización, la inversión supera los 500.000 millones de dólares.

Un mercado creciente e invulnerable a la actual crisis en el que España vuelve a estar situada en puestos de liderazgo: España ha vuelto en 2020 al TOP10 del Renewable Energy Country Attractiveness Index (RECAI) de EY. Volver a esas posiciones es positivo para nuestras compañías y la Transición Energética que debemos acometer, pero es también una valiosa oportunidad para posicionarnos en un mercado global que no se va a detener.

Nuestro objetivo como país debería ser mantenernos como líderes globales del desarrollo renovable. Cambiar nuestro modelo energético, reducir nuestra dependencia de las importaciones, mejorar nuestra calidad del aire o reducir la contribución al Cambio Climático son metas perfectamente válidas, pero aprovechar todo el potencial de las renovables es mucho más que eso. Tal y como ha identificado con claridad la Unión Europea, la Transición Energética supone una oportunidad para industrializar nuestro país, reactivas la economía nacional y crear empleos de calidad vinculados a recursos energéticos propios. El desarrollo renovable será un éxito completo si conseguimos trasladar sus bondades al resto de la economía nacional.
 
1. BIOCARBURANTES
El descenso de la movilidad a consecuencia de las medidas contra la pandemia y la consolidación del doble cómputo provocan una caída del consumo real de biocarburantes en España en 2020

El aumento del objetivo anual de biocarburantes –desde el 7,0% de 2019 al 8,5% de 2020– no ha sido suficiente para evitar la caída de su consumo real en España en 2020, el primer descenso anual experimentado desde 2013. Ello ha sido consecuencia del hundimiento de la movilidad, ocasionado por las medidas adoptadas para luchar contra la pandemia del covid-19, así como de la mayor utilización del mecanismo de doble cómputo de determinados biocarburantes.

La menor demanda interna ha contribuido también a la caída de la producción total de biocarburantes en España en 2020, que se habría visto afectada también por la atonía de las exportaciones.
La industria española de biocarburantes contaba al finalizar 2020 con la misma capacidad instalada que el año anterior, es decir, 4,3 millones de toneladas distribuidas en diecinueve (19) plantas de biodiésel, cuatro (4) de bioetanol y diversas unidades de producción de hidrobiodiésel en las refinerías petrolíferas.    

En el ámbito regulatorio interno destacó en 2020 la decisión adoptada por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) de asumir a partir del 1 de enero de 2021 el ejercicio efectivo de la gestión del mecanismo de certificación de biocarburantes, una función que ha venido desempeñando desde el año 2009 la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) y su entidad antecesora (CNE).

2. BIOMASA
Con más horas de biomasa, el sector estuvo en 2020 a la altura de las circunstancias
España es un país privilegiado en recursos biomásicos. Es el tercer país europeo en recursos absolutos de biomasa, primero en crecimiento anual de sus bosques, primer productor de aceite de oliva a nivel mundial o principal productor de porcino de Europa. Por lo que cuenta con una disponibilidad suficiente para cubrir, e incluso superar, el incremento de producción eléctrica y de calor con biomasa previsto para 2030 por el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima - PNIEC.

El sector de la biomasa empezó 2020 celebrando la publicación de la Orden TED/171/2020 (24 febrero 2020) por la que se actualizan los parámetros retributivos de las instalaciones tipo aplicables a determinadas instalaciones de producción de energía eléctrica a partir de fuentes de energía renovables, cogeneración y residuos. En la misma se aumentaba de 6.500h a 7.500 horas el límite de producción con derecho a percibir retribución a la operación (Ro) de las plantas de biomasa (grupos b.7 y b.8). Decisión que permitió aumentar la producción de electricidad renovable, gestionable y firme generada por las plantas de biomasa en un 15% anual. Permitiendo aprovechar los parámetros de diseño de las instalaciones y evitando las paradas que las plantas se veían obligadas a programar para no superar las 6.500h establecidas. Es por ello que, el aumento del límite de horas de producción no solo ha favorecido la consecución de los objetivos de renovables, al aumentar la energía generada sin siquiera tener que hacer inversiones complementarias para lograrlo; sino que además ha impactado positivamente en el empleo, al poder mantener las instalaciones en funcionamiento 7.500 horas al año, con todos trabajadores en todos los turnos. E incluso aumentar la biomasa suministrada a las instalaciones, impactando positivamente también en los empleos indirectos vinculados con el aprovisionamiento.

A lo largo del primer Estado de alarma, donde se vieron limitadas en mayor o menor medida todas las actividades, excepto las esenciales, el sector de la biomasa mostró resiliencia frente al impacto de la pandemia por la COVID-19. La mayoría de los productores de biocombustibles sólidos continuaron suministrando sin cambios significativos en la producción ya que no hubo restricciones relevantes.  Por su parte, los productores de electricidad y calor a partir de biomasa también mostraron una óptima adaptación a la situación con una tecnología de generación, como la biomasa y el biogás, con alta disponibilidad (entre 7.500h y 8.300 horas al año) y 100% gestionable. La biomasa demostró ser durante 2020 un servicio esencial proporcionado garantía de suministro energético a sus consumidores finales durante la pandemia.
 
Asimismo, en plena pandemia por la COVID-19, el primer informe sobre las perspectivas globales de las renovables Global renewables outlook: Energy Transformation 2050 publicado por la Agencia Internacional de las Energías Renovables (IRENA) en mayo de 2020, otorgaba a la bioenergía un papel vital en la transición energética en todas sus formas: biomasa, biogás y biocarburantes; y en todos sus usos: calor, electricidad y transporte. Poniendo en valor las valiosas capacidades con las que cuenta.

En junio de 2020, el Gobierno aprobaba la Estrategia Española de Economía Circular ―” España Circular 2030” ―, cuyo objeto era las bases para superar la economía lineal e impulsar un nuevo modelo de producción y consumo en el que el valor de productos, materiales y recursos se mantengan en la economía durante el mayor tiempo posible; en el que se minimice la generación de residuos y se aprovechen al máximo aquellos cuya generación no se haya podido evitar. El sector de la biomasa se congratuló por la publicación de la Estrategia, al poder coadyuvar con la valorización de biomasas a diversos objetivos de la misma, tales como la disminución de la generación de residuos un 15% respecto de lo generado en 2010; reducción a partir de 2020 la generación de residuos de alimentos en toda la cadena alimentaria (a la mitad a nivel de hogar y consumo minorista y un veinte por ciento en las cadenas de producción y suministro); y reducción de la emisión de gases de efecto invernadero por debajo de los diez millones de toneladas de CO2 equivalente.

El año terminaba con la aprobación, por parte del Ministerio para la Transición Ecológica, de la Orden para regular el primer mecanismo de subastas con el nuevo marco retributivo, que permitirá poner en marcha el calendario para los próximos cinco años. Se convocó la primera subasta de 2021 para asignar un mínimo de 3.000 MW. Al menos 1.000 MW de eólica; 1.000 MW de fotovoltaica, y el resto de potencia sin restricción tecnológica. Sin considerar, por tanto, a la biomasa en esta primera subasta con potencia asignada por tecnología, al contrario del borrador de la Orden, donde sí que se asignó capacidad para centrales de biomasa para la primera convocatoria de subastas. Este aspecto supuso una decepción mayúscula para el sector, que lleva 5 años -desde enero de 2016- sin contar con oportunidades en las subastas que se han celebrado.

A pesar de ello, las nuevas políticas que se han ido aprobando durante 2020 crean un marco de actuación favorable para impulsar los usos energéticos de las biomasas en España. Los objetivos mencionados del PNIEC y el Anteproyecto de Ley de Cambio Climático y Transición Energética que, unidos a la España Circular 2030, convierten la valorización de biomasas en una opción que despierta cada vez un mayor interés de los consumidores y las empresas de cara la nueva década que comienza.

En el ámbito de la I+D+i, BIOPLAT – Plataforma Tecnológica y de Innovación ‚Biomasa para la Bioeconomía’, publicó a finales de 2020 la Agenda Estratégica de Investigación e Innovación del sector español de la Biomasa y la Bioeconomía. Primera Agenda Estratégica que engloba a la bioeconomía circular en su conjunto, contemplando usos tanto para la generación de bioenergía y biocombustibles, como usos para producir bioproductos. Este documento aspira a servir como instrumento facilitador para la coordinación de políticas, estrategias y financiación en I+D+I, para fomentar el desarrollo de proyectos basados en la biomasa que permitan superar las barreras existentes y posicionen a las empresas, universidades y centros de investigación españoles a la vanguardia de la transición hacia la bioeconomía y la utilización sostenible de la biomasa en Europa.

3. EÓLICA
La consolidación de un fuerte desarrollo
La eólica ha sido en 2020 la energía protagonista de la consolidación del desarrollo renovable en España. Tras el año récord de instalación que supuso 2019, 2020 ha recogido los frutos en forma de generación eléctrica. Esto, que ha sido una gran verdad para la globalidad de las energías renovables, es especialmente cierto para la tecnología eólica.

En el año 2019 se instalaron en España 2.356 MW eólicos, segunda cifra más alta de la historia de la tecnología eólica, por detrás del año 2010. Con una cifra de potencia eólica instalada superior a los 25.000 MW a comienzos de 2020, no es de extrañar que esta tecnología haya consolidado su importante aportación al sistema eléctrico: el 21,8% de la electricidad consumida en 2020 fue eólica.

Un importante desarrollo nacional
El crecimiento porcentual de generación en esta tecnología fue en 2020 del 1,2% una cifra modesta en comparación con el resto de cifras que, a buen seguro, experimentará un mayor crecimiento en el futuro. En total, la eólica generó en 2020 54.899 GWh y, a nivel de generación únicamente fue superada por la tecnología nuclear. Durante el próximo año, previsiblemente la eólica arrebatará el podio a la nuclear como la tecnología con mayor aportación al sistema eléctrico.

Si la potencia instalada en 2019 correspondió al impulso de las subastas de 2016 y 2017, el dato de instalación de 2020, con 1.505 nuevos megavatios eólicos según los datos del operador del sistema, REE, obedeció a la competitividad y fiabilidad alcanzada por esta tecnología renovable. Esos 1.505 MW fueron instalados directamente a mercado y constituyen, junto a la fotovoltaica, una magnífica noticia para los costes de nuestro sistema eléctrico y la competitividad de nuestras compañías, dado que estas tecnologías irán reduciendo de forma directa nuestra factura eléctrica gracias a su reducción de costes, devolviendo a nuestra sociedad la inversión comprometida en el pasado.

La reducción de costes de la tecnología eólica sigue produciéndose, aunque a menores ritmos que en el pasado, al haber alcanzado un alto grado de madurez. Según los estudios del coste de la energía (LCOE) realizados por Lazard, la eólica redujo sus costes en el período 2009-2020 un 71%. La gráfica de reducción de costes facilitada por esta compañía de inversión muestra que la eólica está cerca de estabilizar sus costes en el rango de los 26$-54$/MWh.
 
…y un año récord a nivel internacional
A nivel mundial, el Global Wind Energy Council confirmó el buen momento de esta tecnología. Con un crecimiento interanual del 36%, se instalaron a nivel mundial 82,3 GW. Esto constata la oportunidad que tiene nuestro país de convertirse en un actor relevante en la tecnología eólica e impulsar la economía nacional: el mercado existente a nivel global asegura la continuidad del volumen exportador de nuestras compañías.

Aunque el COVID tuvo un importante efecto en los concursos públicos de eólica durante el primer semestre, con diversas subastas pospuestas o canceladas, el sector se recuperó en el segundo semestre, con la adjudicación de 30 GW de nueva capacidad eólica. En total, las subastas de 2020 garantizaron la puesta en funcionamiento de 35 GW durante los próximos años, una cifra que va disminuyendo, tanto por el efecto puntual del COVID como por la competitividad alcanzada, competitividad que va aumentando el número de proyectos que acuden de forma directa a los mercados y va reduciendo, paulatinamente, el porcentaje de proyectos enmarcados en subastas o concursos públicos a nivel nacional. Como en años precedentes, China lideró la nueva potencia eólica subastada y adjudicada, con el 67% de la capacidad mundial, los otros ocho países que lideraron el ranking fueron India, Alemania, Polonia, Países Bajos, Irlanda, Grecia, Francia y Ecuador. España no contó en 2020 con subastas en esta tecnología.
 
Anuncio de nuevas subastas
Afortunadamente, a finales de 2020 se anunció una nueva subasta en nuestro país y la creación un calendario de subastas futuras que permita a los actores contar con una mayor visibilidad de cara a planificar sus inversiones. La subasta, celebrada finalmente el 26 de enero constató la competitividad alcanzada por esta tecnología y la avidez de los actores nacionales por posicionarse en un mercado cada vez más competitivo.

De cara al futuro, será fundamental la aprobación de la Ley de Cambio Climático y Transición Energética, así como la publicación del calendario mencionado, dadas las fuertes inversiones necesarias para alcanzar los objetivos marcados en el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima, según este Plan, cuya versión definitiva ha sido recientemente aprobada por el Consejo de Ministros, deberán instalarse más de 23.000 nuevos megavatios eólicos en el período 2021-2030.

El papel de la eólica en la recuperación económica
Como ya se ha mencionado, una mayor presencia de la eólica garantizará una electricidad a precios competitivos y controlados, aumentando la competitividad de nuestras compañías. Este rol complementa el impulso directo que el desarrollo eólico aporta a nuestra economía.

Durante el año 2019, último del que se tienen datos consolidados de las compañías del sector, la eólica aportó un total de 3.998 millones de euros al PIB, el 68,9% de forma directa y 1.246 millones, el 31,1%, de forma indirecta. En términos reales, la tasa de crecimiento del sector eólico en España fue del 23,5%, lo que refleja la reactivación del sector gracias a las subastas de 2016 y 2017 y al incremento de las exportaciones.

En lo referente a los empleos, el sector eólico empleó a más de 28.000 trabajadores. 15.132 correspondieron a empleo directo y 13.175 a empleo indirecto, para sumar un total de 28.307 empleos creados. El alto peso del empleo indirecto (46,5%) fue consecuencia del alto ritmo instalador de 2019, debido a que el final de ese año marcaba la fecha límite de conexión a la red de los proyectos adjudicados en las mencionadas subastas.

Un futuro prometedor
El posicionamiento de las empresas nacionales, la experiencia en proyectos internacionales y el carácter exportador del sector eólico auguran un brillante futuro a esta tecnología en nuestro país. Adicionalmente, el interés de diversas compañías en el desarrollo de eólica offshore, principalmente flotante debido a las características de nuestro lecho marino, proporcionará un efecto positivo de arrastre sobre otros sectores como el marino y la actividad de los astilleros.

Por último, el más que previsible podio de la tecnología eólica en el ranking de generación nacional, sitúa a esta energía como una de las principales de nuestro sistema eléctrico y una de las principales herramientas para desarrollar nuestra economía tras la crisis provocada por el COVID.

4. GEOTERMIA
2020, el año de los primeros avances en geotermia profunda
A principios de año, el Gobierno envió a la Comisión Europea el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) 2021-2030, Plan que sitúa España en la senda para alcanzar la neutralidad climática en 2050 y cumplir con el Acuerdo de París. Prevé eliminar, en los próximos diez años, una de cada tres toneladas de gases de efecto invernadero que se emiten actualmente. Para ello, se duplica la presencia de renovables en el uso final de la energía.

La revisión del PNIEC fija el objetivo de potencia instalada en 2030 para otras renovables (energías marinas y geotérmica) en 80 MW megavatios. En el ámbito térmico, el PNIEC marca un objetivo del 34% de renovables en aplicaciones de calor y frío frente al 15%; escenario en el que geotermia podría desempeñar un papel muy relevante, al ser la única tecnología de climatización renovable, altamente eficiente, capaz de proporcionar calor y frío en la misma instalación, sin unidades exteriores, sin emisiones, ruidos, ni torres de refrigeración y sin favorecer el efecto ‚isla de calor’, cada vez más presente en los núcleos urbanos.

Por otro lado, en marzo de 2020 el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) aprobaba la primera resolución de convocatoria de subastas de energía renovable con el nuevo marco retributivo. La publicación de la primera resolución culminaba el proceso normativo que permitirá ofrecer un marco estable a la inversión en renovables y trasladar a los consumidores los ahorros derivados de la implantación de las nuevas instalaciones renovables. Sin embargo, la primera subasta establecerá un cupo objetivo de 3.000 MW, de los cuales al menos 1.000 MW para fotovoltaica y otros 1.000 MW para eólica terrestres, quedando el resto de potencia a subastar sin restricción tecnológica, sin contemplar, una vez más, a la energía geotérmica ni al resto de tecnologías noveles e innovadoras.

A pesar de que la energía geotérmica no se contempla en los planes ni en las subastas eléctricas, en 2020 la energía geotérmica en España ha continuado avanzando, fundamentalmente en sus usos térmicos, tanto a escala doméstica como a escala industrial, con instalaciones de producción de calor, frío y ACS mediante de sistemas de bombas de calor asociadas a un intercambiador geotérmico que se entierra en el terreno. Se estima que la capacidad instalada total está muy por encima de los 350 MWt y que el mercado sigue evolucionando. Regiones como Galicia, Cataluña, Madrid y País Vasco han demostrado estar en la vanguardia del mercado de la geotermia somera durante este año.

Los sistemas de intercambio geotérmico para climatización se posicionan como la mejor técnica disponible para climatización de edificios (tanto viviendas como servicios) y cuentan con capacidad para ser esenciales en la descarbonización de la edificación y en el suministro y la demanda energética de las ciudades, sumideros energéticos con altas emisiones, en su camino hacia una transición energética sostenible.

Y así lo han demostrado durante la pandemia por la COVID-19 ya que los sistemas geotérmicos de climatización que se han comportado sin incidencia alguna. Además, al utilizar frecuentemente suelo radiante como emisor de calor y frío, resulta especialmente favorable para situaciones de riesgo (como la pandemia existente) al no favorecer la dispersión de aire ni la nebulización. Por el contrario, la parada de la actividad derivada de la pandemia ha impactado negativamente en la instalación de este tipo de sistemas de climatización, al haberse contraído la demanda en los meses que duró el confinamiento y al haberse ralentizado la promoción inmobiliaria.

En cuanto la geotermia para usos eléctricos, en marzo de 2020 arrancó la perforación del primer sondeo de explotación de la primera planta de geotermia profunda de España para climatizar los invernaderos de la industria agrícola de Níjar (Almería). El proyecto, que tendrá una capacidad de 8 MW de potencia, podría ser un impulsor de la energía geotérmica en el sector de la agricultura en nuestro país.
Por otro lado, se ha renovado el interés por parte del Gobierno de España y de la Administración de Canarias por el desarrollo de una planta geotérmica para generación eléctrica, un proyecto tipo “flagship” en las Islas.
 
5. MARINA
La excelente oportunidad de país de la eólica marina y los pasos hacia el marco regulatorio nacional de las energías oceánicas

El nombre “Energías Marinas” engloba a todas aquellas tecnologías que extraen el recurso energético en el ámbito marino: Energías Oceánicas (olas y corrientes fundamentalmente) y la Energía Eólica Offshore (eólica marina).

De todas ellas es la eólica marina la tecnología que más interés despierta en estos momentos gracias al rápido desarrollo tecnológico y la progresiva reducción de costes que viene logrando en los últimos años y permitiendo, así, una gran implantación. Como muestra, el nuevo récord que se ha vuelto a alcanzar con 5.206MW de nueva capacidad eólica instalada en todo el mundo en 2020 (con más de 32.000 MW acumulados a finales de año).

A lo largo de 2020 entraron en funcionamiento 15 nuevos parques eólicos marinos en el Reino Unido, China, Alemania, Portugal, Bélgica, los Países Bajos y EEUU con lo que, a día de hoy, hay 162 parques eólicos marinos en funcionamiento en todo el mundo.
 
La Eólica Marina de cimentación fija (profundidad < 50 m) es ya una realidad con un mercado en expansión no sólo a nivel europeo sino en todo el mundo y un negocio en el que participan las grandes empresas del sector eólico (con importante presencia de entidades españolas).

Y en los próximos años nos enfrentamos a una evolución natural del sector: la eólica marina flotante, una tecnología emergente que está dando pasos firmes y está evidenciando ser una gran oportunidad industrial y tecnológica en aquellos emplazamientos de aguas profundas (sin plataforma continental) como es el caso de España.

EDP-r, EQUINOR y NAVANTIA, miembros de APPA Marina, son algunos de los grandes players que están llamados a ser protagonistas el sector de la eólica marina flotante. Pero también hay tecnólogos españoles como ENEROCEAN y SAITEC Offshore cuyas soluciones flotantes están obteniendo buenos resultados en los proyectos a escala que han completado en 2020.

Las entidades españolas están muy bien posicionadas en este nuevo sector de las renovables marinas con proyectos y patentes avanzadas.  El sector se encuentra en fase demostrativa, pero presenta muy buenas expectativas de desarrollo y las excelentes capacidades de nuestros tecnólogos auguran un papel protagonista para la industria española.  Para ello habrá que aprobar, cuanto antes, un marco legislativo adecuado apoyado con ambiciosos planes de inversión que permitan abordar este nuevo mercado y conseguir unos costes competitivos, al igual que ha ocurrido con la eólica marina de cimentación fija.

En cuanto a las energías oceánicas (energías del mar), que engloban distintas tecnologías en fase demostrativa, continúan avanzando y expandiéndose a nivel mundial. Es evidente que la industrialización del sector se está acelerando, con inversiones considerables, interesantes contratos de exportación para desarrolladores europeos y creación de nuevas fábricas y laboratorios de investigación de última generación.
 
Al decidido apoyo político/estratégico de la UE, que ya dispone de objetivos específicos para su implantación (100 MW para 2025), se han sumado Estados Unidos y China con importantes fondos de desarrollo para estas tecnologías.

En esta línea, España continúa dando pasos para disponer de un marco legal apropiado y desarrollar un mercado nacional que sirva de impulso definitivo y consolidación del esfuerzo que se viene haciendo desde hace más de una década. La publicación definitiva por parte de la Administración tanto de la hoja de ruta de las Renovables Marinas como de la Ordenación del Espacio Marítimo (ambas previstas para 2021) serán esenciales para implementar proyectos y alcanzar los objetivos que establece el PNIEC 2021-2030 (25MW en 2025 y 50 MW en 2030).

Si conseguimos elaborar un escenario apropiado para superar las últimas etapas desarrollo de para avanzar hacia la madurez tecnológica, las energías del mar podrán tener un protagonismo considerable en el medio y largo plazo para complementar a otras las tecnologías renovables y alcanzar la neutralidad climática con un mix 100% renovable.

Hitos destacables 2020
Incluso en un año tan difícil como 2020, se han instalado en mar abierto instalaciones demostrativas de eólica marina flotante y nuevos dispositivos de energía oceánica. Además, se firmaron importantes acuerdos de inversión y se pusieron en marcha nuevas instalaciones de fabricación.  A pesar de las inevitables complicaciones, retrasos y restricciones causados por Covid-19, se han podido instalar diversos dispositivos de energía eólica flotante, pero también de energía mareomotriz y undimotriz en diversos emplazamientos distribuidos por todo el planeta.

• La UE ya tiene Estrategia para las Energías Renovables Marinas. La Comisión Europea presentó su Estrategia para las Energías Renovables Marinas, que plantea quintuplicar la potencia eólica marina europea (12.000 MW a día de hoy), hasta alcanzar los 60.000 MW en el año 2030 (300.000 MW en el horizonte 2050). Además, la Comisión propone complementar ese gran parque marino de generadores con 40.000 MW de energía oceánica (olas, mareas) y otras tecnologías emergentes, como la eólica y solar flotantes, de aquí a 2050.

• Hoja de Ruta para el desarrollo de la Eólica Marina y las Energías del Mar en España. El Ministerio para la Transición Ecológica y Reto Demográfico (MITECO) ha abierto un proceso de consulta pública previa para renovables marinas, que pretende responder al avance tecnológico que han experimentado en los últimos años y que supone un importante vector de desarrollo para España, con una base sólida de empresas nacionales en la cadena de valor de eólica marina y, por extensión, de las restantes energías marinas.

La eólica marina flotante: una excelente oportunidad de país.
• Ocho de los 34 prototipos de soluciones flotantes para aerogeneradores marinos que hay ahora mismo en el mundo son de Marca España, siendo el país que más tecnología dispone en fase de desarrollo. Según la Comisión Europea, el potencial de desarrollo de parques marinos flotantes ronda los 95.000 MW en todo el mundo. Hasta 22.000 MW podrían erigirse en las aguas profundas que rodean la península ibérica.

• La Eólica marina ya genera más empleo que la eólica terrestre. Según el «Informe sobre la economía azul de la UE de 2020». los empleos en el sector de la eólica marina (210.000) suponen ya el 51% del total del empleo soportado por el sector eólico en su conjunto. Las otras tecnologías de aprovechamiento de las energías marinas (las que generan electricidad a partir de las corrientes y las mareas) emplean en Europa a unas 2.250 personas (430 empresas).
Energías Oceánicas: nuevos pasos para alcanzar marco regulatorio nacional.
El Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) ya establece objetivos específicos para las Energías del Mar (25 MW para 2025 y 50 MW para 2030) y la Administración está trabajando coordinadamente con los agentes implicados cumplir con la directiva europea en materia de ordenación del espacio marítimo.

• Un primer borrador de los POEM (Planes de Ordenación del Espacio Marítimo), junto con el Documento Inicial Estratégico, fue objeto de inicio del trámite de evaluación ambiental estratégica durante el primer semestre del 2020.

• Los despliegues realizados en 2020 elevan las instalaciones mundiales de energía de las olas y las mareas a casi 60 MW en la última década. Una sólida cartera de proyectos en 2021 significa que Europa parece dispuesta a mantener su posición como líder mundial, con 6 MW de energía undimotriz y mareomotriz programados para su despliegue en 2021.

• El sector mareomotriz europeo superó en diciembre el hito de 60 GWh de producción eléctrica acumulada. Esto demuestra que los proyectos instalados están produciendo energía de forma constante y fiable, siendo el subsector más avanzado en las energías del mar.

• 10 años de energías oceánicas. La Agencia Internacional de la Energía publica un informa en el que repasa la actividad del sector en los últimos 10 años. La producción mundial de Energías Oceánicas se ha multiplicado por diez pasando de menos 5 GWh en 2009 a casi 50 GWh en 2019. La potencia instalada en olas ha pasado de 1,8 a 20 MW; en mareas, de 0,28 a 35 MW. (Fuente: Informe Ocean Energy Systems: an overview of ocean energy activities in 2019).

• Europa lidera las patentes de energía oceánica en el mundo. Las empresas europeas poseen alrededor del 23% de las patentes de energía oceánica del mundo, lo que convierte a Europa en líder global en este sector, en especial en el de los dispositivos que aprovechan la energía de las mareas y la de las olas. Actualmente hay 33 convertidores de energía de las olas desplegados en 9 proyectos en 8 países de 3 continentes. Los expertos estiman que el potencial teórico de la energía de las olas ronda los 29.500 TWh/año (1.200 de la energía mareomotriz).
 

6. MINIEÓLICA
Minieólica, una tecnología con potencial sin regulación ni marco específico
La minieólica en nuestro país se mantiene en unos niveles muy similares a los alcanzados en 2017. Por lo tanto, la energía minieólica se mantiene a la espera de una oportunidad para desarrollarse y recorrer su curva de aprendizaje. A pesar de que una vez fuimos un país pionero en el desarrollo de esta tecnología en los años setenta, la minieólica se ha enfrentado a sucesivas trabas burocráticas y regulatorias fijadas desde la Administración que han impedido un correcto avance del sector. Hoy, con una regulación genérica para su desarrollo que no recoge las particularidades de esta tecnología, las insuficientes reducciones de costes condenan a esta tecnología al letargo hasta que no exista un plan específico para impulsarla.

Al carecer de un mercado en auge, la minieólica no ha podido reducir sus costes de generación. De esta forma, la tecnología miniólica, una buena alternativa en otros países desarrollados, se encuentra paralizada en nuestro país. Las distintas iniciativas fomentadas por la Administración se centran en la I+D+i y no en el impulso industrial necesario o la generación de mercado para la minieólica. Se fomenta el gasto en I+D que se traduce en la consecución de un producto que se encuentra sin mercado para ser comercializado, por lo tanto, son inversiones improductivas. Es necesaria una regulación específica con un posible plan de acción que genere una demanda suficiente para reactivar el mercado nacional.

Falta de apoyo regulatorio y diferenciación tecnológica
Aunque se la tuvo en cuenta dentro del PANER y del PER como una tecnología diferenciada de la gran eólica, no se han llevado ningunas de las acciones que permitirían su evolución tecnológica. En este sentido, la minieólica es la única tecnología que no ha sido desarrollada, incentivada o auspiciada para fomentar su desarrollo. En el borrador del PNIEC remitido a Bruselas, la minieólica ya no existe como tecnología diferenciada, estando incluida dentro de los objetivos de Eólica, cuando ambas modalidades de generación únicamente comparten el recurso, siendo en esencia y costes muy diferentes entre sí.

A nivel nacional, la minieólica carece de un marco regulatorio específico que promueva las instalaciones y permita su desarrollo. Son múltiples los esfuerzos que está realizando el sector para transmitir el gran potencial de mercado existente en nuestro país. Con un marco específico, podría alcanzarse un volumen suficiente para llevar a cabo el proceso de industrialización de esta tecnología, reduciendo los costes de fabricación y alcanzando la definitiva maduración tecnológica y la competitividad de las instalaciones.

En todo el mundo, existen cerca de un millón de pequeños aerogeneradores. El informe Small Wind World Report Update 2017 – último estudio publicado por la Asociación Mundial de la Energía Eólica (WWEA) sobre esta tecnología – señala que la minieólica cuenta con 990.000 aerogeneradores siendo los principales mercados China, Estados Unidos y Reino Unido. Su crecimiento interanual ha sido desigual, experimentándose altibajos (+7%, 2013; +8%, 2014; +5%, 2015…). En total, la potencia de estos pequeños aerogeneradores supera los 948 MW a escala global.

Un sector que desaprovecha el inmenso potencial
Según los últimos datos disponibles, referidos a 2019, el sector minieólico aportó 24,28 millones de euros al PIB nacional, una cifra levemente superior a la experimentada el año precedente. Durante los últimos cuatro años se aprecia un estancamiento del sector, alejado de las cifras, superiores a los 50 millones de euros, experimentadas en el año 2011. El sector, durante 2019, ha experimentado un crecimiento del 2,8% en términos reales.

El despertar que ha tenido el autoconsumo eléctrico en nuestro país, con una regulación que no dificulta su desarrollo, podría haber sido un impulso a la tecnología minieólica – en ningún caso la regulación hace mención específica a la tecnología utilizada – sin embargo, al carecer de regulación específica y no haber conseguido reducir sus costes, la minieólica continúa estancada en nuestro país a pesar del esfuerzo de los distintos actores, como APPA Renovables, CIEMAT o el IDAE, que desarrollaron en 2017 el “Etiquetado de aerogeneradores de pequeña potencia”, último esfuerzo, hasta el momento, por impulsar esta tecnología.

7. MINIHIDRÁULICA
Minihidráulica: una tecnología estable con muchos años de vida
Tras la grave sequía experimentada por el sector hidráulico en el año 2017, la recuperación de 2018, y la posterior reducción del año 2019, en 2020 la generación hidráulica ha experimentado un incremento en su producción del 23,8%. Si observamos la potencia hidráulica existente en nuestro país, las cifras se han mantenido estables durante los últimos años por lo que ese impulso se ha debido a un mayor recurso hidráulico.

En la próxima década tendremos que pasar de un 44% de leectricidad renovable a un 74%, unas metas ambiciosas en los que la aportación de la energía minihidráulica será esencial. Dada la evolución que prevé el PNIEC en las distintas tecnologías renovables, cuyo crecimiento está cimentado sobre eólica y solar, la aportación de la hidráulica es fundamental, dada la complementariedad entre tecnologías, para que nuestro mix renovable sea diversificado y gestionable.

Una tecnología valiosa, ajena a los objetivos
La tecnología minihidráulica ha tenido un importante papel en el sector renovable nacional, acompañando la generación eléctrica desde hace más de cien años. A pesar de ello, el sector no ha contado con un apoyo decidido para su desarrollo y reclama que la regulación contemple las singularidades de esta tecnología, la forma de generación eléctrica con menor impacto ambiental.

Con un objetivo de aumento de capacidad de 340 MW en el período 2011-2020, tanto en el PNAER como en el Plan de Energías Renovables 2011-2020, solo se han instalado 112 MW de minihidráulica, constatando el estancamiento que está sufriendo esta tecnología y que se alarga ya más de una década debido, sobre todo, a las barreras administrativas existentes.

Los requisitos medioambientales que se exige a esta tecnología son extremadamente restrictivos, paralizando su desarrollo. Un ejemplo son los nuevos planes hidrológicos de cuenca, que incorporan excesivos requisitos y crecientes dificultades, llegando incluso a prohibir la instalación de “obstáculos transversales” en el cauce de los ríos, una prohibición de facto de nuevas minicentrales.
 
El futuro de la minihidráulica
De cara a contar con un mix equilibrado que garantice una generación energética sostenible es fundamental preservar la conitnuidad de las instalaciones, evitando que las concesiones se terminen y las empresas dejen de explotarlas. Para ello, puede copiarse el modelo portugués, en el que el concesionario anterior no se va hasta que toma posesión el siguiente, operando con derechos de explotación provisionales hasta que el nuevo concesionario pueda comenzar a operar la instalación.

Buscar soluciones como la mencionada es fundamental dado que, a medio plazo, gran parte del millar de instalaciones existentes se enfrentarán al final de su concesión. Es importante trabajar en la simplificación administrativa y prever la convocatoria de nuevas subastas para los proyectos de renovación tecnológica.

Los nuevos modelos de negocio planteados para el sector eléctrico son oportunidades para garantizar la actividad del sector minihidráulico. La capacidad de bombeo que algunas de estas centrales poseen es una magnífica opción para combinar la extensión de las concesiones con la potenciación del almacenamiento, ligando la continuidad de las concesiones a la reversibilidad. Adicionalmente, las instalaciones minihidráulicas tienen un buen potencial para la hibridación con otras tecnologías, como la fotovoltaica, dada la complementariedad estacional de las distintas energías.

Con un año 2020 que ha sido hidráulicamente mejor que el precedente, es importante que trabajemos en la continuidad de las explotaciones minihidráulicas. Estas centrales serán necesarias para dotar de estabilidad al sistema gracias a sus más de cien años de experiencia y complementariedad con las tecnologías que están instalándose de forma masiva como eólica y fotovoltaica. Si trabajamos en la continuidad de estas instalaciones, la energía minihidráulica tendrá en el futuro el importante papel que siempre ha venido desarrollando en el mix de generación renovable.
 
8. SOLAR FOTOVOLTAICA
Fotovoltaica: la tecnología de mayor crecimiento
La tecnología fotovoltaica experimentó en 2020 el mayor crecimiento en términos de potencia de entre todas las tecnologías de nuestro mix de generación: 2.633 MW fotovoltaicos conectados a red y 623 MW de autoconsumo. De esta forma, esta tecnología tuvo en 2020 su segundo mejor año histórico, solo superado por 2019 (y su impulso por las subastas), la cifra de 2020 fue mejor, incluso, que la experimentada en 2008.

Este resurgimiento del sector e incremento de la actividad, no sólo es consecuencia de la nueva potencia adjudicada e instalada en estas subastas del año 2017, sino además de los numerosos proyectos fuera de subastas, conectados directamente a red, que no cuentan con ninguna retribución adicional al mercado, lo que demuestra la competitividad de las tecnologías renovables y, en particular, de la tecnología solar fotovoltaica.

Los cambios legales que se produjeron en el Sector tras la aprobación del RDL 15/2018, de medidas urgentes para la transición energética y la protección de los consumidores y el RD 244/2019 de 5 de abril, por el que se regulan las condiciones administrativas, técnicas y económicas del autoconsumo de energía eléctrica, han supuesto una catarsis para el Sector.
 
Esta normativa acerca las energías renovables a los consumidores finales. Para los consumidores supone un cambio sustancial, pasando de tener un rol tradicional como simple receptor de energía, a poder desempeñar una gestión activa de su energía, tanto desde el punto de vista de generación como de consumo.
El gobierno da un paso más adelante en relación con al autoconsumo, cuando a finales del mes de julio 2020, abre una consulta pública para la elaboración de la Estrategia Nacional de Autoconsumo, con el objetivo de establecer las líneas de actuación para promover el autoconsumo renovable, situando al ciudadano en el centro del sistema energético, además desarrollará los instrumentos para promocionar su uso compartido, a través de las comunidades energéticas, y facilitará la implantación de aplicaciones en ámbitos como el industrial o de sector servicios en un contexto de reactivación económica.
 
Es necesario necesidad de continuar la labor de impulso al autoconsumo y los pequeños proyectos, garantizando la capacidad para instalaciones de autoconsumo, de forma que puedan utilizar la red, tanto para su consumo como sus excedentes, optimizando las infraestructuras de red.
Podríamos decir que la implantación de la tecnología fotovoltaica en el 2020 es ya imparable, se empieza a ver un crecimiento continuo, sin visos de que esta tendencia cambie en los próximos años. Hemos pasado de una década muy enfocada en reducciones importantes en cuanto a los costes de esta tecnología, con grandes inversiones en I+D+i, con un mercado muy reducido o casi inexistente a nivel nacional, a un nuevo escenario en el que esta tecnología, no necesita subsidios, aparecen nuevos jugadores, y sobre todo la gran competitividad que ha alcanzado frente a fuentes de generación energética tradicionales.
 
La tecnología solar fotovoltaica ha recorrido rápidamente durante los últimos años su curva de aprendizaje, con reducciones de costes cercanos al 90%. Puede asegurarse que, en la actualidad, la fotovoltaica se ha convertido en una de las tecnologías mejor preparadas para competir en costes con las tecnologías tradicionales de generación eléctrica. En estos momentos es más rentable la producción y consumo de energía eléctrica de origen fotovoltaico que su adquisición a la red. A nivel nacional, el futuro de la tecnología solar fotovoltaica pasa por el desarrollo de la generación distribuida, el autoconsumo y la integración de esta tecnología en la edificación.

El año 2020 ha sido un año muy activo en cuanto al impulso a la transición energética, con una gran cantidad de normas regulatorias aprobadas, hojas de ruta, estrategias, en el ámbito energético.
Con la publicación del Real Decreto-ley 23/2020, el Gobierno da señales claras de que la política energética es una de las grandes protagonistas en la recuperación económica y de empleo. Esta legislación recoge diversas medidas para el sector energético para acelerar la transición energética. Cabe destacar: (i) diseña un nuevo marco de acceso y conexión para garantizar que los permisos de conexión a la red atiendan a la viabilidad técnica y solidez de los proyectos, (ii) el nuevo mecanismo de concurrencia competitiva para proyectos de energías renovables, y las subastas, intentando dotar a estas tecnologías nuevamente de un marco retributivo predecible y estable, (iii) la mejora y simplificación en la tramitación de los procedimientos de autorización de la construcción, (iv) ampliación, modificación y explotación de las instalaciones eléctricas de producción, transporte y distribución; (v) la inclusión del concepto de modificación no sustancial de instalaciones de generación que hayan obtenido autorización administrativa de tal manera que únicamente deben obtener la autorización de explotación, previa acreditación del cumplimiento de las condiciones de seguridad de las instalaciones y del equipo asociado; (vi) la incorporación de los criterios para la consideración de una misma instalación de generación a efectos de los permisos de acceso y conexión; (vii) el impulso de nuevos modelos de negocio, desde la hibridación al agregador independiente, el almacenamiento, con el fin de garantizar la integración de renovables en el sistema eléctrico.

Además, se aprobó el Real Decreto 960/2020, por el que se regula el régimen económico de energías renovables para instalaciones de producción de energía eléctrica, cuyo objeto es el establecimiento de un nuevo marco retributivo, que el Real Decreto denomina Régimen Económico de Energías Renovables (REER), para futuras instalaciones renovables. Este marco se desarrollará mediante un mecanismo de subastas en concurrencia competitiva, donde los participantes pujarán ofertando el precio que están dispuestos a cobrar por la energía que genere su instalación. Asimismo, se aprobó la Orden TED/1161/2020, por la que se regula el primer mecanismo de subasta para el otorgamiento del régimen económico de energías renovables y se establece el calendario indicativo para el periodo 2020-2025 y la resolución del 10 de diciembre 2020, convocando la primera subasta en cumplimiento del calendario de subastas recogido en estas normas, que introducen el Régimen Económico de las Energías Renovables (REER). Esta Resolución indicaba el 26 de enero de 2021, como fecha de celebración de esta primera subasta de 3.000 MW de potencia renovable, de los cuales 1.000 MW son para fotovoltaica. Estas subastas son fundamentales ya que ponen un orden necesario en el sector.

Terminamos así un año convulso 2020 con una primera convocatoria de subasta que seguirá con la velocidad de crucero que tiene en el sector renovable.
 
Una tecnología madura con relevante contribución al PIB
En cuanto a la contribución al PIB nacional del sector solar fotovoltaico alcanzó en 2019 – último año con datos consolidados – los 4.184 millones de euros, en su mayoría de forma directa. El sector empleó a 21.370 personas en 2019. El sector ha creado en el año 2019 un total de 6.033 nuevos puestos de trabajo de forma directa, fruto del empuje del autoconsumo y de la reactivación del sector como consecuencia de las subastas celebradas en 2017; y 2.063 empleos inducidos, para constatar el magnífico momento que vive esta tecnología.

En cuanto a la tecnología solar fotovoltaica cabe hacer una mención especial al importante avance en cuanto a la eficiencia de los módulos fotovoltaicos, gracias al esfuerzo de I+D, está en continua evolución, las eficiencias de las células de silicio cristalino son cada vez mayores. La tecnología de paneles fotovoltaicos, especialmente en los últimos años, está creciendo con el fin de tener el módulo más eficiente y que aproveche al máximo el recurso solar. La tendencia en paneles solares está desarrollándose hacia la tecnología bifacial, que permite obtener energía lumínica tanto de la parte frontal como de la posterior del módulo, aumentando de manera efectiva, el rendimiento general de los módulos fotovoltaicos.

Sin duda la tecnología fotovoltaica ya está en disposición de ocupar un papel preponderante en el nuevo modelo energético debido a diferentes parámetros relacionados con su rentabilidad, perfiles de inversor, flexibilidad en su ubicación y beneficios medioambientales.
 
9. SOLAR TÉRMICA  
Fuente: ASIT
Solar Térmica, un gran potencial y un leve retroceso
Durante el año 2020, se han instalado en España un total de 133,5 MWth (190.650 M2), lo cual implica una disminución del 8% respecto del resultado obtenido por el mismo estudio en 2019.
Unos resultados que nos llevan a superar la cifra de 3,28 GWth en el acumulado de potencia instalada en nuestro país, o lo que es lo mismo, más de 4,7 Mill de M2 instalados y en operación en España.
 
Es importante destacar los siguientes aspectos referentes a la solar térmica en nuestro país:
1. En los diez primeros meses del año se han iniciado casi 70.000 viviendas, un 24 % menos que en el mismo periodo del año anterior. La compraventa de vivienda nueva en 2020 disminuye un 12,9% vs 2019.
2. El segmento de mercado del CTE ha disminuido un 9% respecto a 2019 (165.650 M2 en 2020 vs 182.300 M2 en 2019), en concordancia con la disminución de viviendas finalizadas en 2020 respecto al 2019.
3. Se mantiene el crecimiento en la actividad exportadora de las empresas fabricantes ubicadas en el estado español respecto del año anterior (+1%).

Cabe destacar la labor de las empresas fabricantes de captadores con fábrica en España, que han suministrado el 33% de los captadores instalados en España. En España existe una capacidad aproximada de producción de 1.000.000 M2, fabricando en 2020 206.375 M2 (igual que en 2019), el 20% de su potencial, de los cuales 66.875 M2 se instalaron en España y 139.500 M2 se exportaron.

Características del nuevo parque instalado en 2020
Distribución por tipo de captador y sistema
 
Distribución por segmentos de mercado

Principales datos de la industria solar térmica en España (2019):
• Facturación del sector: 152,5 millones de euros
• Nuevo parque instalado: 190.650 M2 / 133,5 MWth
• Empleos directos: 3.810 personas

10. SOLAR TERMOELÉCTRICA
Fuente: PROTERMOSOLAR
La Solar Termoeléctrica, gracias a su capacidad de almacenamiento, piedra angular para la transición ecológica.

El año 2020 ha preparado los cimientos para que se vuelva a instalar potencia termosolar en España.
El ejercicio pasado quedará marcado para siempre por la pandemia y sus efectos tanto en la población como en la economía. Sin embargo, desde un punto de vista estrictamente operacional, ha sido otro año más con generación excelente, fiable, y gestionable. La producción de electricidad es considerada un servicio esencial, por lo que no sufrió restricciones operativas y, gracias a las medidas preventivas de las diferentes centrales, no se han detectado contagios en las plantas que afectasen a la operación.

En un plano operativo, el ejercicio 2020 se ha cerrado con una contribución a la demanda de electricidad de 4,6 TWh anuales, lo que representa aproximadamente el 2%. El curso pasado no fue especialmente bueno en términos de recurso solar.
 
La primavera de 2020 fue especialmente nubosa, afectando a la generación de abril y mayo. Aunque posteriormente el resto del año la generación retomó la normalidad (incluso hubo meses que se excedió la generación del año 2019 que fue especialmente bueno), en términos acumulados el ejercicio pasado finalizó por debajo de la media histórica.
El mapa de centrales termoeléctricas en nuestro país ha permanecido, un año más, inalterado. A continuación, se resume la situación de la potencia termosolar instalada. Los siguientes gráficos y tabla muestran el número de centrales y la tipología del parque termosolar español.

No obstante, en 2021 ese mapa debe cambiar tras la convocatoria de las primeras subastas para nueva capacidad termosolar de, al menos, 200 MW. La nueva potencia podrá ser de cualquier tecnología (torre, colectores e incluso fresnel) aunque sí deberá contar con un almacenamiento significativo para producir entre 3.000 y 4.000 horas al año, es decir, una capacidad del almacenamiento en torno a las 9 horas a plena carga. Esta exigencia pone en valor la característica diferencial de la tecnología termosolar como la renovable que puede ofrecer almacenamiento de larga duración a un coste muy competitivo.

En el plano internacional, los proyectos termosolares han continuado su ejecución destacando los avances en Dubái con la central más grande del mundo (700 MW) y al menor coste hasta la fecha (7,4 c$/kWh); la central de torre de Chile cuya construcción finalizó en 2020; China sigue instalando capacidad y ya es un país muy importante a nivel mundial, Marruecos sigue promocionando nuevas tecnologías de planta,  hibridando termosolar con fotovoltaica, para obtener el menor precio posible usando la energía solar durante las 24h.
 
El sistema eléctrico español se está transformando rápidamente para permitir una mayor presencia de energías renovables. Dado que el coste de implantación y la madurez de fotovoltaica y eólica (ambas intermitentes) existe cierta preocupación sobre posibles desequilibrios en el sistema, con presencia de vertidos en las horas centrales del día y dificultades para satisfacer la demanda tras el ocaso.  Es aquí donde el almacenamiento y la tecnología termosolar en concreto juegan un rol esencial. Las nuevas plantas termosolares deben producir durante toda la noche para ejercer de respaldo nocturno y aliviar la dependencia fósil tras la puesta de sol. Las futuras plantas termosolares apenas producirán de día (para no solapar con las fotovoltaicas ni deprimir precios diurnos), sino que captarán energía que verterán de forma complementaria, para producir 24h al día usando el recurso solar.

Es una fortuna para España ser un país soleado, disponer de emplazamientos adecuados, así como contar con la capacidad técnica, administrativa y medioambiental requerida para desarrollar centrales termosolares.

Fuente: Asociación de Productores de Energías Renovables - APPA)

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