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Petróleo

Petróleo

(Fuente: Asociación Española de Operadores de Productos Petrolíferos - AOP)

La economía internacional ha cerrado 2018 con un crecimiento del 3,7%, cercano al registrado en 2017 y en línea con las previsiones, a pesar de la ralentización experimentada en China y en algunos países europeos. La expansión parece frenarse, con la excepción de Estados Unidos, mientras el endurecimiento de las condiciones financieras experimentado en el último trimestre se ha sumado a la incertidumbre por el incremento de las tensiones comerciales y ha favorecido la revalorización del dólar frente al euro desde el mes de octubre.

El convulso marco geopolítico de 2018 se ha hecho sentir con intensidad en los mercados de crudo y materias primas, sujetos a importantes fluctuaciones a lo largo del año. Las inciertas expectativas han impulsado a la baja los precios internacionales del crudo en los últimos meses del año, después de casi dos ejercicios de ascensos.

Quizá el factor más destacable haya sido el despegue sin precedentes de la producción de crudo en Estados Unidos (EE.UU.), que en 2018 ha liderado los datos de oferta y podría alcanzar saldo neto exportador del sumatorio de crudo y productos petrolíferos ya en 2021. Se está configurando así un nuevo contexto de mercado donde se mejora la seguridad del suministro global, si bien están surgiendo nuevos equilibrios entre oferta y demanda que acentúan la polarización económica y política.

Vuelve la amenaza del exceso de oferta

Aunque el comienzo del año apuntaba a cierta estabilidad en el equilibrio entre oferta y demanda de crudo, las cosas finalmente se han complicado. La brecha entre ambas se ha ido ampliando conforme avanzaba el año, como resultado del deterioro de la situación en Venezuela y las tensiones entre Irán y EEUU, dando lugar a nuevos crecimientos de los inventarios y a una dinámica de precios a la baja que los principales productores van a intentar corregir cuanto antes.

Con un incremento de 2,2 millones de barriles diarios (mb/d), EE.UU. ha liderado los aumentos de oferta fuera de la OPEP hasta convertirse en el primer productor mundial de crudo y líquidos de gas natural. Solo Rusia ha registrado también un incremento reseñable de 180.000 barriles diarios de crudo.

Por el contrario, especialmente acusada en sentido negativo ha sido la evolución de Venezuela e Irán. En el primer caso, la crisis política y socioeconómica (agravada por las sanciones norteamericanas impuestas a fin de 2018, que están siendo aprovechadas por varios productores, como Rusia, para aumentar sus envíos a EE.UU.) afecta ya muy seriamente a la principal fuente de ingresos del país. En el segundo, la nueva ronda de sanciones estadounidenses contra Irán podría hacer que sus exportaciones se redujeran incluso por encima de los 1,2 mb/d de la ronda anterior.

En el cómputo anual, los incrementos de producción en EEUU, Rusia y Oriente Medio durante la segunda mitad del año han impulsado la oferta de manera significativa. En su reunión de junio, los ministros de la OPEP y de otros diez países productores liderados por Rusia (el grupo conocido como “Opep+”), acordaron un aumento muy significativo de la producción para compensar las fuertes caídas en Irán y Venezuela, así como las dificultades en Libia y Nigeria, lo que ha situado la oferta en niveles récord. Así, la producción mundial ha cerrado el año en 100 millones de barriles diarios, un 2,6% por encima del nivel alcanzado en 2017.

Por su parte, la demanda mundial de crudo ha crecido en 1,2 mb/d en 2018 y vuelve a quedar por debajo de la oferta, a pesar de los incrementos registrados en China y otros países de Asia. En la segunda mitad del año se contrajo la demanda en los países europeos y asiáticos de la OCDE, en un entorno de precios altos y ralentización económica.

Fuera del ámbito OCDE, aunque China ha presentado un crecimiento robusto, otros países han acusado los efectos del elevado nivel de precios, agravado por la depreciación de sus monedas y la falta de dinamismo económico, como se ha observado en India, Brasil o Argentina. La ralentización económica podría suponer nuevos descensos de la demanda de petróleo, como han puesto de relieve diferentes organismos, tanto en economías de mercados desarrollados como en países emergentes, especialmente si los precios del crudo empiezan a remontar.

Por productos, la demanda ha experimentado un comportamiento muy diverso, vinculada a la evolución de los indicadores económicos. En EE.UU. se ha registrado probablemente el mayor incremento de demanda de toda la OCDE. Destaca especialmente el crecimiento del GLP, favorecido por temperaturas muy frías a principios de año, una temporada de huracanes más suave que en 2017 y el inicio de proyectos petroquímicos que habrán de impulsar el consumo en los próximos meses.

Por el contrario, en Europa, el consumo de productos cayó significativamente a fines de 2018, debido a fuertes caídas en nafta, gasóleo y fuelóleo que reflejan tanto la desaceleración en la actividad económica como la creciente desafección hacia los vehículos diésel, que va a suponer cambios significativos en el mercado de carburantes de automoción a medio plazo.

Fuera de la OCDE, en el mercado asiático, la puesta en marcha de una refinería en Vietnam redujo las importaciones de gasolina, mientras los nuevos proyectos de refinerías en China contribuyeron al aumento de las exportaciones. Por otro lado, en el caso de queroseno, a pesar de un incremento en la demanda destinada a la aviación, el mercado ha acusado el descenso de consumo en la India, donde se han introducido medidas para incentivar el consumo de GLP. Cabe destacar asimismo el descenso de la producción rusa de fuelóleo derivado de la reforma de sus refinerías, que también ha influido en las tensiones observadas en el mercado.

En cuanto al refino, durante el año 2018 se han puesto en funcionamiento 1 mb/d de capacidad de destilación adicional y 1 mb/d de nueva capacidad de conversión, que supondrán nuevas presiones competitivas para esta actividad, especialmente en determinados ámbitos geográficos. Los márgenes de la actividad se han visto afectados por la evolución creciente de los precios del crudo en los tres primeros trimestres del año. De cara a 2019, la entrada en servicio de nuevas refinerías y el aumento de los cupos de exportación chinos para los destilados medios podrían continuar presionando sobre los márgenes de refino globales.

En términos de cobertura, los inventarios en la OCDE alcanzaban los 91 días de suministro a finales de 2018, la misma cifra que en diciembre de 2017.

A pesar del elevado coste que implica, de nuevo este año se ha recurrido al almacenamiento flotante, lo que refleja, probablemente, los efectos de las sanciones estadounidenses a Irán que limitan la capacidad del país para vender petróleo abiertamente, ya que las exportaciones de petróleo iraní han disminuido a un ritmo más rápido que su producción total de crudo.

Presionados por la sobreproducción y la incertidumbre, los precios mantienen su descenso

Durante los primeros nueve meses del año, el cumplimiento récord de las cuotas por parte de los miembros de la “Opep+”, el fuerte crecimiento de la demanda y la llegada de nuevas sanciones sobre la producción iraní, llevaron a aumentos constantes en los precios del crudo, tanto del Brent como del WTI. En concreto, el Brent llegó a alcanzar máximos de 85 $/bbl en el mes de octubre, si bien experimentó a partir de entonces un acusado descenso, cerrando el año en torno a los 50 $/bbl, conforme se incrementaba la producción en Estados Unidos, la OPEP y Rusia, se concertaban exenciones para las sanciones sobre Irán y las proyecciones económicas para 2019 comenzaban a mostrar cierta debilidad ante las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China.

En los mercados de productos se han observado caídas aún más intensas que en el mercado del crudo, especialmente en el caso de la gasolina y el queroseno, al mejorar la sensación general de continuidad de suministro. Muy reseñable ha sido, en concreto, la caída de la cotización de la gasolina, cuyo diferencial con el Brent ha llegado en 2018 casi a la paridad, lo cual se explica por el nivel históricamente alto de inventarios en los principales mercados internacionales, como consecuencia del exceso acumulado de la oferta sobre la demanda de este producto.  

Por su parte, la suavidad del invierno ha contenido la demanda de gasóleo, aunque las cotizaciones de este producto en los últimos meses no han reflejado la reducción del suministro de fuelóleo con alto contenido de azufre, que muchos productores ya han comenzado a ajustar, a la espera de la entrada en vigor de los nuevos requerimientos de la IMO en 2020.

El mercado crece en España, mientras se mantiene el saldo exportador.

De la mano del crecimiento experimentado en el consumo de hogares y empresas, la demanda de productos petrolíferos en nuestro país se ha mantenido durante 2018 en niveles superiores a los del año anterior, para todos los meses del periodo, por encima de la media de los últimos cinco años.

El año se ha cerrado con un incremento global del 2,8%. El único descenso ha sido el registrado en la partida “Otros productos”, donde el consumo de naftas, condensados, parafinas, disolventes y otros compuestos ha experimentado un descenso del 2,6 %.

El consumo de GLP ha continuado la carrera al alza iniciada en 2015 y ha cerrado el año con un crecimiento del 15,6%. Crecen también las gasolinas y gasóleos, un 4,9% y un 2,2% respectivamente, mientras los fuelóleos crecen un 2,6% y los querosenos, de la mano de la mayor demanda del transporte aéreo, experimentan un aumento del 4,3% en el año. De manera específica, la demanda de carburantes de automoción ha presentado un incremento del 2,4%, aumentando por quinto año consecutivo gracias tanto al crecimiento del gasóleo A (1,9%), como, sobre todo, de la gasolina (4,9%).

Las importaciones de productos petrolíferos han caído este año un 6,7%, por encima de la capacidad exportadora, que ha descendido un 2,8%. Con ello, el saldo exportador de productos petrolíferos ha aumentado un 15,8% y ha cerrado el año en 5.027 toneladas.

El crudo importado ascendió en 2018 a 67,6 millones de toneladas, un 2,5% superior a las importaciones realizadas en 2017. De acuerdo con la política de diversificación de suministradores que mantienen los operadores españoles, el 58,8% del suministro se ha adquirido a países de la OPEP, entre los que ha destacado Nigeria, proveedor del 15,2% del crudo adquirido, seguido de México, un país no miembro de la OPEP, con un 13,9% del total.

En este contexto, la materia prima procesada por las refinerías españolas se ha incrementado en 1,9 millones de toneladas, un 2,8% superior a 2017, gracias a un aumento de dos puntos básicos en el grado de utilización de la capacidad de refino, que se ha situado en torno al 88% en media anual.

Finalmente, cabe señalar que la proporción de biocarburantes incorporada a las gasolinas y gasóleos de automoción se ha mantenido en 2018 en niveles similares a los registrados en 2017. La incorporación de biocarburante a la gasolina comercializada ha ascendido en 2018 a un 5,26% en masa, porcentaje que se sitúa en el 5,36% en el caso del gasóleo de automoción.

Las tensiones en los mercados internacionales se trasladan a los precios en España

Los precios minoristas han presentado en nuestro país un perfil similar al de los mercados de productos, con un ascenso a mitad de año que se ha ido corrigiendo durante los últimos meses del ejercicio.

Como viene sucediendo desde hace varios años, los precios de la gasolina y el gasóleo no superaron la media de precios de la Eurozona en ningún mes de 2018, si bien, a la hora de valorar esta comparación, debe considerarse que las estadísticas disponibles no son homogéneas y no incluyen los mismos conceptos para todos los países.

La apreciación del dólar norteamericano amortiguó, para los países de la eurozona, los efectos del descenso de precios registrado en los mercados internacionales desde el mes de octubre.

Así, la cotización internacional de la gasolina, en euros, registró un incremento del 12,7% mientras que su precio antes de impuestos en España aumentó de media un 9,6% en 2018 respecto a 2017, a pesar de que, en el último trimestre del año se produjo, tal como se ha dicho, un debilitamiento del diferencial de las gasolinas. En el caso del gasóleo A, cuya cotización en euros se incrementó un 19,2%, los precios medios antes de impuestos en España se elevaron el 13,6%.

Nuestra apuesta de futuro


La actividad institucional en 2018 se vio condicionada, desde el mes de junio, por las dificultades propias de un gobierno sin mayoría parlamentaria, que ha intentado avanzar en diferentes asuntos de enorme calado. El más importante, probablemente, la definición de un modelo energético de futuro para nuestro país, orientado a la lucha contra el cambio climático y al logro de los objetivos del Acuerdo de París, que habrá de articularse en la futura Ley de Cambio Climático y Transición Energética.

El contenido del primer borrador del correspondiente Anteproyecto de Ley de Cambio Climático se conoció a finales de año. Un proyecto ambicioso, como corresponde a la envergadura del reto que todos compartimos, donde han de tenerse en cuenta todas las tecnologías que pueden contribuir a alcanzar el objetivo común y ofrecerse la flexibilidad necesaria para conseguirlo de la manera más eficiente en cada sector de actividad. Según lo ve nuestro sector, el coste de la transición energética no debe representar un esfuerzo tal para la sociedad que comprometa su desarrollo y bienestar.

A priori, introducir un grado de ambición superior al que resulta del Marco de Energía y Clima de la UE a 2030, sin medidas de salvaguarda de la competitividad de la economía española, supondría un sobresfuerzo para España en comparación con los demás Estados miembros de la UE, que no puede exigirse sin evaluar sus posibles impactos, estimar su factibilidad técnica y viabilidad económica y llevar a cabo un análisis del coste-beneficio de las alternativas.

De acuerdo con el principio de neutralidad tecnológica, defendido repetidamente por la Unión Europea, no se debería excluir la contribución de ninguna tecnología a la reducción de emisiones. Todos los sectores energéticos están llamados a contribuir con las medidas necesarias para mitigar el cambio climático y se impone, en nuestra opinión, una política coherente que no penalice a unos sectores respecto a otros, a unas energías frente a otras ni subvencione a unas con traspaso de recursos desde otras.

El compromiso de la industria europea del refino con la lucha contra el cambio climático se recoge en su Visión 2050, presentada en septiembre de 2018, donde se detallan sus previsiones para contribuir a la consecución del objetivo común mediante la reducción continua de sus emisiones de CO2. Una visión basada en tecnologías consolidadas y emergentes, así como en la colaboración industrial, que ayudará a Europa a luchar contra el cambio climático, asegurando el suministro a la economía y a los ciudadanos de combustibles bajos en carbono y otros productos que la sociedad necesita.

(Fuente: Asociación Española de Operadores de Productos Petrolíferos - AOP)

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